domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 3.

7 de julio de 2012.

Me desperté a las 6 de la mañana. Muy pronto ¿verdad? Bueno, hoy es el día, el día de la venta de entradas. La verdad es que no pude dormir nada bien. Estaba muy nerviosa. Me desperté vagamente y fui a la habitación de mi madre. Vi que no estaba, así que me supuse que ya se había despertado. Fui a la ducha y me vestí. 
Bajé a la cocina a desayunar. Allí me encontré con mi madre, como siempre. Estuvimos hablando un poco hasta que me di cuenta de que el tiempo pasaba, y ya eran las 7. Decidimos ir caminando hasta un centro comercial, que estaba a 30 minutos de mi casa. Por la calle me encontraba a muchas chicas, todas vestidas de lila. Me reía por ese hecho. Llegamos al centro comercial. Allí me encontré con unas amigas mías. Había una chica que ponía números (sí, es una tontería, pero creo que lo hacía para que nadie se colase). Me pusieron un número y fui a Starbucks a tomar un café. Todavía quedaban 2 horas para que abriesen el Carrefour. Ruth se vino conmigo, igual que su hermano. Es Belieber Boy. Ruth es una Belieber que conocí en una quedada. Es muy graciosa, está todo el rato diciendo bromas. Empezamos a hablar.

-Tía, ¿tu qué entradas te vas a coger?- me preguntó.
-Yo quiero unas premium, llevo mucho tiempo ahorrando para comprármelas. ¿Y tú?
-Yo también quiero premium, pero este -dijo señalando a su hermano- dice que si cojo premium no viene. Pero en un principio nosotros también.
-Bueno, yo me he enterado de que la mayoría de premium se agotaron en las preventas. Es bastante injusto. Yo no tengo American Express.
-Ya, yo tampoco, es una mierda.

Estuvimos hablando hasta que fue la hora de ir al Carrefour. Mi madre estaba sentada en una silla leyendo una revista. Nos pusimos a la cola a esperar. Estaba de los nervios. Veía a muchas chicas con las entradas premium, y me daban ganas de cogerlas e irme corriendo. Pero no le podía hacer eso a mis hermanas. Ya se estaba acercando nuestro turno, cuando sale una chica llorando y diciendo "las premium se han agotado". Con esas cinco palabras, mi mundo se paralizó. Veía a mi alrededor todas las chicas llorando, yo solo no podía decir ni una palabra. Sentí como una lágrima se deslizaba por mi mejilla. Estaba quieta, en medio de 50 chicas, con la cara pálida. Por una vez que quiero algo, y no lo puedo conseguir. Llegó mi turno. Iba a comprar las entradas con Ruth. Le pedí a la chica que me diese las que estuvieran más cerca del escenario. Me dio el sector 120. ¡Eso era muy lejos! Pero bueno, al menos tengo entradas. Estaba totalmente triste. Sin decir una palabra, compré las entradas y me fui a mi casa. Lo único que quería hacer era encerrarme en mi habitación y llorar, llorar mucho. Me tumbé en la cama boca a bajo, y empecé a llorar. Estuve como 3 horas llorando en mi cuarto, no podía parar. Hasta que reaccioné: "hay muchas chicas que no tienen entrada, yo no tengo la que quería, pero tengo. ¿Por qué estoy llorando?" Me levanté de la cama y me conecté a Twitter. Veía a todas decir que tenían entradas premium. Ver eso me ponía peor, así que cerré sesión y me conecté a Facebook. Decidí enviarle un mensaje a Abryl. Ya, ella está en Miami, pero cuando llegue lo verá. Me puse a escribirle.

"Las entradas. Estamos en el sector 120. No está tan lejos... Bueno, a quién engaño, si que lo está, pero no pude hacer nada más, me tendrías que haber visto llorando, ha sido horrible, pero bueno, al menos tenemos entradas. Bueno, segundo punto, al último minuto subieron los precios, así que no solo valían 75€, sino que valían 79,30€. Sí, sí, se han pasado. La chica que me vendió las entradas me dijo que estas eran las que estaban más cerca, se habían agotado la mayoría. Ya sé que me dijiste que las comprara por internet, pero tía, había cola VIRTUAL. ¿Dónde has visto tu eso? En ningún lado. Bueno eso, la mayoría de premium se acabaron en la preventa, pero es que ni soy miembro de BieberFever, ni tengo American Express. Cuando llegues, llámame y te cuento más, que me da palo escribir. Te quiero."

Al acabar me di cuenta de que eran las... ¡9 de la noche! Dios mío, que rápido pasa el tiempo. Me puse el pijama y bajé a cenar. Mi madre había hecho una ensalada. Empezamos a hablar.

-¿Al final que entradas has cogido? -me preguntó.
-Unas que están en el sector 120... Bastante lejos. -dije deprimida.
-Bueno, no te preocupes, el año que viene ya conseguirás las otras...
-Puede, pero a lo mejor me pasa como este año. ¿Sabes cuanto tiempo he estado ahorrando para esto? -dije con las lágrimas a punto de caer de mis ojos.
-Si, lo sé, pero no llores. Como ya te dije el otro día, ¿cómo es la frase que dice Justin?
-Nunca digas nunca...
-Pues eso, nunca digas nunca. Ya verás como algún día conseguirás las entradas que tu quieres, incluso conocerlo. Ahora no te preocupes. -dijo levantándose y llevándose los platos a la cocina. Ella siempre me hace sentir mejor. Me levanté y le di un beso en la mejilla.
-Gracias mamá, no me voy a preocupar más por eso. Me voy a la cama, te quiero.
-Adiós cielo.

Subí corriendo a mi habitación y me tumbé. Volví a ver mi poster del techo. Suspiré. Me hubiera encantado conseguir las premium... Pero bueno, seguro que el destino tiene algo bueno preparado para mi. Con tantos pensamientos fui cerrando los ojos hasta quedarme dormida.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 2.

6 de julio de 2012

Me desperté. Tuve un sueño un poco... raro, por así decirlo. Moví mi cabeza para despejarme y miré el calendario que estaba al lado de mi cama. 6 de julio. Mañana era el día de comprar las entradas. Bajé a la cocina, allí estaba mi madre preparando el desayuno.

-Hola ____, ¿cómo has dormido?- me preguntó con una sonrisa. No sé como lo hacía para estar todo el día sonriendo.
-Bien- respondí indiferente.- Tengo hambre, ¿qué has hecho para desayunar?

-Tostadas. ¿Te apetecen?

-Claro.- Le sonreí. De verdad tenía mucha hambre.

Me comí las tostadas y fui a mi habitación. Busqué en el armario la ropa que me iba a poner y fui al cuarto de baño. Me di una larga ducha, todavía estaba cansada. Salí del baño vestida. No tenía ganas de peinarme y me hice un moño. Cogí mi móvil y miré Twitter. Todas estaban como locas por las entradas. Cada ves tenía menos posibilidades de conseguirlas. Pero bueno, era mejor no pensar en eso. Decidí ir a dar una vuelta. Bajé las escaleras corriendo y le di un beso en la mejilla a mi madre.

-Mamá voy a salir, llámame.
-Vale, te llamaré para que vengas a comer- me dijo y me devolvió el beso. Salí de casa. No sabía que hacer.
Iba caminado y mirando el móvil, totalmente distraída. También estaba pensando en Abryl, ella volvería de Miami la semana que viene. De repente escuché unos chillidos. ¿Pero qué pasa? Ni que Justin estuviera ahí. Me acerqué a ver que pasaba. No era precisamente Justin, pero bueno, parecido. Me encontré con unas 100 niñas en medio de la carretera parando a un bus que estaba adornado con imágenes de Justin. Todas estaban chillando como locas. Me empecé a reír. A veces mis hermanas son muy histéricas. Pero bueno, ¿qué le vamos a hacer? Las quiero igual. Pasé de largo mirándolas y riéndome disimuladamente. No sé como, pero llegué a la playa. Y no es que la playa esté muy cerca de mi casa, que digamos. Noté una vibración en mi bolsillo. Lo saqué y miré quien me llamaba. "Anna". Contesté.

-_________ ¿dónde estás?- me preguntó mi amiga.
-En la playa. ¿Por qué?
-¿Quieres que vayamos a comer juntas? Si quieres vamos al McDonalds. ¿Llevas dinero?- Me preguntó muy deprisa.
-Eh, cálmate. Sí, llevo dinero. Y vale, comemos juntas. ¿Dónde quedamos?
-¿En el McDonalds del paseo marítimo?
-Vale, nos vemos.
-Adiós, _______- y seguido, me colgó.

Llamé a mi madre para avisarle, y como siempre me dejó. Anna era muy histérica, de verdad. Le daban ataques de repente. Algún día te dice que está mala, y a los 10 minutos te dice para ir al cine. Es algo impulsiva, pero bueno, es maja. Fui caminando hasta el paseo marítimo. Ahí estaba el hotel Arts. Me acuerdo que la última vez que Justin vino a Barcelona se hospedó en ese hotel. Solté un largo suspiro. A lo mejor este año también. Sin darme cuenta llegué al McDonalds. Allí vi a Anna.

-¡Eh, tú!- le chillé. Ella se giró y al verme me sonrió.
-¿Cómo has estado? No hemos quedado ningún día, tía.
-Pues yo he estado bien. Y bueno, no es mi culpa-me defendí.- Eres tú la que está de fiesta todos los días.- Nos empezamos a reír.
-Sí, sí, claro, ahora es mi culpa. ¿Comemos? Me muero de hambre.
-Gorda- dije en un susurro, pero ella me escuchó y me pegó en las costillas mientras se reía.

Pedimos un Happy Meal. El encargado nos miraba sorprendido. ¿Qué pasa? ¿Dos chicas de casi 17 años no se pueden pedir un Happy Meal o qué? Cuando nos lo dieron nos fuimos a sentar. Mientras comíamos hablábamos, y nos reíamos.

-Y bueno, cuéntame algo.- me dijo Anna.
-¿Qué quieres que te cuente?- dije mirándola.- Ah sí, Justin volverá a Barcelona.
-¡¿QUÉ?!- Dijo chillando mientras se levantaba de la silla rápido. Todo el mundo la estaba mirando.
-¿Te puedes sentar, por favor?-le dije susurrando.- ¿Sabes qué es la vergüenza ajena?
-Sí, perdona.- Se volvió a sentar.- ¿Cómo que vuelve?
-Pues eso, que vuelve. Va a hacer un concierto aquí.
-¿Y cuándo salen las entradas?- Anna también era Belieber, solo que no lo demostraba mucho. Y estos días ha estado desconectada del mundo, osea que no se ha enterado de nada.
-Mañana.
-¿¡MAÑANA!?- Volvió a chillar. ¿Es que no se puede hablar tranquilamente con ella?
-Sí, mañana. Y no chilles.- Me levanté de la silla para irme.- ¿Nos vamos?
-Vale, pero en el camino me cuentas todo, que no me entero de nada, joder.
-Vale.

Nos fuimos del McDonalds. En el camino le iba contando todo, cuando me enteré del concierto, cuanto valían las entradas, y todo. Cuando le dije el precio soltó un ligero "joder". Me reí por eso. Estuvimos toda la tarde dando vueltas por la playa hasta que empezó a oscurecer. Llegamos a mi casa y me despedí de ella.

-Adiós guarra, nos vemos otro día- le dije y la abracé. Siempre nos insultamos, para nosotras eso es como decirnos "guapa".
-Vale, adiós fea.

Entré a casa y me encontré con mi madre mirando la tele. No tenía hambre, así que la saludé y subí a mi habitación. Me puse el pijama y me tumbé en la cama. Miré al techo y me encontré con la sonrisa más bonita que he visto en mi vida. Suspiré. Si no conseguía las entradas me moría. Mañana me iba a despertar pronto, así que me fui a dormir. Dejé mi móvil en la mesita de noche y me metí en la cama. Cerré los ojos. Mañana sería un día muy largo.

viernes, 31 de agosto de 2012

Capítulo 1.


5 de julio del 2012

Hoy es un día normal, como cualquier otro. La diferencia es que ¡son vacaciones! Las tan esperadas vacaciones de verano. Pero bueno, tampoco os penséis que tengo muchos planes. Mi rutina es levantarme a las doce del mediodía, “desayunar” y después, encender el ordenador para conectarme a Twitter. Entrar ahí me hace feliz. Veo los tweets, retweets y más de mis millones de hermanas. Ya sé, ya sé. ¿Qué hermanas? Pues las mías, las BELIEBERS. Sí, soy Belieber. Posiblemente me llamaréis niñata por apoyar a un adolescente, pero llevo tres años formando parte de esta familia, y no lo cambiaría por nada.
Voy bajando por mi TL, y veo una foto de él. Ese chico, el que me hace sonreír día y noche, el que con una palabra hace que mi día se ilumine, ese canadiense odiado por muchos por el simple hecho de cumplir su sueño, y amado por millones por la misma razón. Kidrauhl. Ahí está, sonriendo, con esos blancos y perfectos dientes, y esos labios rosados. Es perfecto. Sin querer me puse a sonreír como una tonta. Seguí bajando por mi TL, hasta que vi un tweet que me llamó mucho la atención: “Entradas para ver a Justin Bieber en Barcelona salen a la venta el 7de julio”. Oh Dios mío. ¡Oh Dios mío! Ese momento que estaba esperando ha llegado. Por el cual había estado ahorrando casi dos años. El Believe Tour.
Rápidamente fui a la web de Ticketmaster. Dios, ¡era verdad! Las preventas habían salido ese mismo día, pero solo las podían comprar gente con unas targetas específicas, o ser miembros de Bieber Fever. La verdad, lo encuentro injusto. Bieber Fever debería ser gratuito, no todas podemos permitirnos el lujo de pagarlo. Mi emoción acabó en un momento al recordar a mi amiga. Mierda, Abryl está en Miami. En ese momento solo pude hacer una cosa: llamarla. Sí, ya lo sé, es muy caro, pero ella es como una hermana para mí, debía hacerlo.

-¿Hola? – pregunté, insegura.
-Hola. ¿Quién es? – me respondieron desde el otro lado.
-¿Está Abryl? Soy una amiga suya.
-Claro, un momento. – Esperé impaciente. No podía esperar más. – ¿Diga?
-Dios mío, Abryl, no sabes lo que ha pasado. No me interrumpas, no tengo tanto dinero como para pagarme una llamada de 2 horas. Este sábado salen las entradas para el concierto de Justin en Barcelona, yo tengo mi dinero. ¿Cómo compro las tuyas?
-¿Qué dices? Joder, ____, me muero. Bueno, por suerte mi madre está allí. Tu llámala, explícale todo y dile que yo te he dicho que saque el dinero de mi cuenta para la entrada.
-Vale, hoy mismo la llamo. Ya hablaremos, un beso.
-Adiós, y muchas gracias.

Ahí colgué. Necesitaba llamar a la madre de Abryl, ahora mismo. Necesitaba otros 75€. Madre mía, que caras. Suerte que dijeron que serían más baratas que para el anterior tour (nótese ironía).Llamé a la madre de mi mejor amiga. Al colgar, di un suspiro. Bueno, solo me falta ir esta tarde a su casa a buscar el dinero. Joder, estaba muy nerviosa. ¿Y si se acababan? ¿Y si me quedaba sin ir al Believe Tour? Hice demasiados esfuerzos para conseguir el dinero para pagarme la entrada, como para no poder ir. Dejé de pensar en todo eso y apagué el ordenador. Tenía que ir a casa de Abryl.

-Hola señora, soy _____, vengo a buscar el dinero para las entradas.- Saludé a su madre.
-¡Hola cariño! No sé cuantas veces te lo tengo que decir, no me llames señora, me haces sentir vieja- reímos.- Llámame Andrea.
-Jajajaja perdona, es la costumbre.- Ella siempre ha sido muy simpática conmigo. Llevo siendo amiga de Abryl unos cuatro años, pero todavía no me acostumbro a llamar a su madre por su nombre. A veces soy muy educada, demasiado podría decir.
-Bueno, aquí tienes el dinero. Guárdalo bien. Ah, y las entradas quédatelas tu, hasta que Abryl llegue.-Me dijo sonriendo.
-Claro, muchas gracias, ¡hasta pronto!
-Adiós bonita, buena suerte.

Y la necesitaba. Salí de su casa y corriendo llegué a la mía. Me volví a meter en Twitter. Madre mía, vaya lío. Conseguir entradas no será tan fácil. Todas están hablando de eso, incluso gente de otras ciudades. Muchas se estaban discutiendo, porque algunas decían que el concierto en Barcelona no lo deberían hacer. Pero quiero que quede clara una cosa, nosotras no decidimos dónde se hacen los conciertos, eso lo hace la productora. Discutiéndote con nosotras no consigues nada.
Harta de todo apago el ordenador y bajo a cenar. Sí, el día se me ha pasado volando.

-Hola cariño, ¿ya tienes el dinero?- me preguntó mi madre con una de sus preciosas sonrisas. De verdad ella es una mujer hermosa, pero bueno, supongo que todas las hijas dicen eso de sus madres.
-Sí, ya lo tengo, solo estoy un poco asustada.
-¿Por qué?
-Por si me quedo sin.- Dije removiendo los espaguetis de mi plato.
-Primero, deja de jugar con la comida-me regañó.- Y segundo, no te asustes, seguro que las consigues. ¿Cómo es la frase esa que dice Justin?
-Nunca digas nunca.
-Esa, pues aplícatelo-dijo sonriente.
-Muchas gracias mamá, ahora ya me voy a dormir. ¡Te quiero!- le di un beso en la mejilla y subí corriendo las escaleras hasta mi habitación.

Hoy había sido un día muuuuuy largo, y estaba bastante cansada. Mañana será un nuevo día, pero bueno, nada especial, como todos los demás, la misma rutina. Tumbada en mi cama empecé a pensar en todo, el el concierto, en las entradas, en las Beliebers, en Justin. Justin, mi ídolo. Mi amor platónico. Mirando el techo sonreí al ver el enorme póster que tenía colgado ahí de él. Mirando sus perfectos ojos, me quedé dormida.